Nos ayuda para comentar este tema, la
liturgia de la Palabra de hoy domingo 21 de junio, que incluye Mateo 10, 28: "No teman a los que sólo
pueden matar el cuerpo, pero no el alma; teman más bien al que puede destruir
alma y cuerpo en el infierno."
Encuentro
en esta lectura elementos que se
relacionan con lo visto en la clase de escatología de ayer.
- Primero, sería el concepto dicotómico de ser humano, que se ve constituido por dos partes diferenciadas: alma y cuerpo, lo que lleva a pensar que se escribe desde una mayor influencia griega, en vez del enfoque integral judío del ser humano, que hemos revisado en clase.
- Al principio del versículo citado se lee: "no teman lo que mata el cuerpo", es decir, no teman la muerte de lo temporal en esta vida. Desde el principio del curso hemos venido en una redefinición del concepto de muerte que no es cuando se parte de este mundo, sino que se da cuando interrumpimos nuestra relación con Dios. Jesús vino a dar vida eterna a los que se mantengan en comunión con El y el prójimo. La muerte no nos define, no está en nuestra naturaleza.
- Inmediatamente después se nos aclara que "teman más bien al que puede destruir alma y cuerpo en el infierno". Justo como hemos estudiado, que es lo que sucede si rechazamos el amor trascendente que nos creó y redimió. Temamos si olvidamos cuidar la relación con Dios que es la vida, si olvidamos nuestra debilidad y no la asumimos, si descuidamos nuestro crecimiento espiritual, maduración de la fe, porque libremente estamos escogiendo la muerte, frente a la alternativa de la plenitud de la vida.
- Coincide además este versículo con lo visto en clase de que la fidelidad a Dios no asegura una retribución intrahistórica, sino más allá de esta vida, tanto para bien como para mal según la vida particular.
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